martes, 30 de diciembre de 2014

Beatriz Olga Allocati (Argentina)

                                         Pintura de Vladimir Kush


EPIFANÍA DE ALAS



Quiere tener alas
rescindir las ataduras
dispersar su enclavadura de raíces
crecer parajes forasteros
para la mudanza de latitudes.
Y es una gaviota.
Quiere habitar miradores de cresta rubia
recorrer andaduras de vía láctea
de cenits errabundos en las antípodas del suelo.
Y se transforma en águila.
Quiere manifestar el cielo con las alas.
Y se convierte en ángel.
       (del libro "Honrar al Hermano")


Extr de http://micro.cibermitanios.com.ar 




Graciela Vodicka (Argentina)




BOSQUE
Me llevas entre tus manos
como el aire a la lluvia,
por mi cintura giran tus sueños lentamente,
y en el ámbar sereno
de tu costado abierto,
se devana el silencio
en hebras de corteza.
Gime tu canto austero
en rayos clandestinos,
como gime la aurora
sus fulgores furtivos,
y en tu gemido el tiempo
se queda detenido,
como un cuenco de luz,
como una tela fresca.
Me acurruco en las cálidas
entrañas de tu sombra,
perfilan mis deslices
tus venas de resina,
araño las raíces
de tu lecho profundo
y me duermo en la piel
de tu tierra desnuda.
 
pintura Julie Heffernan

Luis Ferrero (Argentina)


                                                         Pintura  de GUSTAV KLIMT




Una cicatriz en el cielo de tu infancia
un beso que te iluminó la carne.
una lágrima que fue caricia
cuando la muerte te miraba



Tu nombre dando vuelta la noche
disolviéndose en mis ojos.
Soy el eco de mi mismo
en la sombra de tu ausencia
Amanece mi soledad con su luz ciega


Tu historia cabe en una flor
eres asombro y promesa
pasión y llanto
celebración y memoria

Del libro Preludios y variaciones Ediciones La Guillotina
Selección La Mano de Cristal

Jose luis Colombini (Argentina)

                                   Pintura Max Ernst

Susurrando silencios

Me gustan las tardes en el campo y amanecer en la montaña
Me gustan las borrascas que dibujan
mil y una sugerencias en el cielo como una Princesa Persa
sosteniendo cuentos en el río de sus ojos.
Me gusta cuando estalla octubre
y perder mi mirada en los laberínticos pétalos de una rosa.
Desgranar la tarde con mis labios sobre tu piel,
ver un relámpago cortando la noche
y el verde del campo renaciendo en días solitarios.
Me gusta perderme entre calles y casas de adoquines,
pasear por una alfombra de hojas muertas
bajo una luna que besa tus pies.
Me gustan los silencios
que tejen palabras en mis manos vacías
para que las llenes de rocío.


 




Evocación Dominguera

Un sol embriaga pasos en su agonía,
un domingo que añora hojas verdes
alargando voces que suenan cada vez más distantes.
Hoy la melancolía es una copa trizada,
que brilla al en la siesta,
es un fuego en el atardecer
atando la tristeza de la calle desinflada.
Camino en el frío, séquito que calcina las hojas
abriendo con sus fantasmas el nicho de la vida.
Una mujer abre una ventana
para mirar la realidad con otros ojos,
un hombre en bicicleta se detiene y arma un cigarro
con tabaco Richmond.
Dos gorriones juegan,
se refriegan en los escasos rayos de sol.
Repaso con nostalgia mi niñez
en la proeza del negro Arce
que atrapó dos gorriones mientras peleaban.
Recuerdo las calles que solía caminar
pateando soledades, rumiando historias
donde pudiera ser el héroe.
Las avenidas de tierra se suceden,
y parece que estamos tan lejos de Dios
llevando la postergación
en este camino
en el polvo que lo cubre.
Sueños de un mundo mejor
que juegan a las escondidas,
en las manos del futuro
entre la mugre y los desperdicios
que la gente arroja a la vera de la calle.
Lejos de las grandes autopistas,
de autos último modelo
de ostentaciones de amor.
Cerca, muy cerca del olvido,
acariciando el retraso, el quedarse en el tiempo
entre bolsas negras cubriendo los menesteres
de la civilización como banderas deshilachadas de tristeza
decorando las tuscas y los espinillos.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Damaso Martinez(Argentino)

  Pintura de Beksinski

OPERACIÓN MASACRE
UN DIA LAS RATAS           
 
Hace aproximadamente seis horas que afuera solo se escucha el silencio.
Ni el más mínimo murmullo. Se que el Sol esta brillando con fuerza. Sol, no te apagues nunca en este día, lo deseo, no sabes como lo deseo.
Recorro el cuarto por décima  o quien sabe ya por cuantas vueltas andaré.
Mis ojos buscan a su enemigo, rincones, zócalos; quizás tratan de recordar su cara.
Me sobresalto la brisa mueve las cortinas, las arranco. Por algún lugar entra aire, se cuela ese viento insistente, irrespetuoso, avasallante, soberbio; del norte. Por alguna hendija.  ¿De qué tamaño?
Ayer el mundo existía. ¿Y hoy?  . No lo puedo creer todavía…Aunque desde el 56 sabía que este día podía llegar.
Sabía que existían nueve por cada habitante .Pero nunca había visto dos juntas .Y ahora ellas gobernaban. Fue de golpe .El imperio se novia.
Atacaron todas al mismo tiempo. Buscaban primero los ojos .Morder los ojos. Arrancar los ojos y uno ya estaba indefenso. No veía la realidad.
Después, que importa, es macabro de solo pensarlo.
Sentí impotencia, los gritos desesperados, la ciudad gritaba; si algunos quedamos, será por pura casualidad, desinterés, ignorancia, complicidad; recordaremos este día como la noche del alarido Y no nos fallara la memoria.
Y contaré esto. Para que nadie lo olvide para no estar desprevenidos, nunca más.
Yo vi. Las ratas tras el vidrio de mi ventana, tratándolo de quebrar.
Desfilando ante mí para prenderme el miedo, un miedo sin educación; pánico. Infundir pánico. De todo y de todos.
Vi, la gente saltar al vacío, desesperados .Aún suena en mis oídos el aullido humano; tétrico, frío, eléctrico. Lo recuerdo y pierdo el sentido. Pero no retrocedo.
Yo vi. una ciudad mordida en los ojos, gente corriendo a ciegas; después caer, seguir gritando, gemir,morir.
Ya han comenzado los incendios; todo arderá, aulas sin alumnos, fabricas sin obreros, radios con cintas grabadas cantando a la vida y diarios con noticias de Marte.
¿Por cuantas horas más?
Sobre el pavimento existe una alfombra deforme de cadáveres ciegos, NN; entre semáforos parpadeantes.
Solo las hojas de los árboles se mueven.
Y yo aquí esperando ver el primer hocico por algún rincón.
Cuando empezaron los gritos me sobresalte.  Prendí la luz; me costo despertarme, era todo tan irreal.
Ese sonido de fondo, una sirena lejana de mil voces desgarradas. Salté de la cama, corrí la cortina. Sobre la ventana, una rata; inmensa y negra me observaba. Cerré la ventana triturándole la cabeza contra el marco de hierro.
Ya eran cientos, miles; que corrían en todas direcciones, luces que se prendían, nuevos alaridos, nuevos llantos y después el silencio .No respetaban nada. Ni los niños.
No pensé, recorrí el departamento en un instante, puertas, ventanas, rejillas .Hasta mire con desconfianza el pico de la canilla en la cocina.
Y ellas rascaban el vidrio, mordían la madera de la persiana; era un serrucho monótono, rápido, constante.
Aseguré las trabas de las ventanas, viéndolas correr entre la persiana y los vidrios, si estos se rompían no podría hacer nada.
Sólo atine a dejar correr la cinta y cuando la tuve toda en mi mano, deje caer la persiana  .Ellas también  aullaban pero distinto. Y ya estaban reemplazadas. No sabía si había soñado la ejecución. Era un deseo de justicia.
Estuve un rato triturándolas, subir, bajar; tratar de pensar .Tomé el teléfono, un número, un amigo, un familiar, nadie contestó, la luz titilaba.
Quien puede socorrer a un hombre solo.
Veneno, matar en defensa propia. De la supervivencia del Hombre, una idea recurrente.
Siempre terminaba en lo mismo. Veneno no tenía, matarlas era tan difícil.
El Sol esta bajando, temo .Brilla Sol. ¡Brilla!
Tienen hábitos nocturnos. Fuego. Es una linda palabra.
Quizás los incendios que veía por mi ventana eran hombres luchando. Reforcé el circuito eléctrico. Sería un arma. Agua, electricidad, linda combinación.
Anteojos, casco, armadura. Otras ideas que giraban vertiginosamente en mi cabeza.
El Sol se alejaba, suicidio. Otra idea recurrente.
No debía desesperar, hasta la noche anterior me distinguía de los animales por pensar  .Debo pensar, soy más inteligente que ellas, las tengo que matar a todas.
El Sol sigue bajando, sobre los techos vecinos donde ya hace un rato  ha dejado de dar el calor comienzan a verse. Y casi seguro me ven.
Me siento observado. Se que estoy en la mira. Resisto y pienso. Pienso y resisto.
Veo una rata deslizarse cómodamente por los cables del teléfono que cruzan la calle. Deben estar en Bellas Artes, en los confesionarios, en los claustros, deliberando en los sillones del Congreso. Sentadas en el sillón de gobierno, delirando sus necias fantasías.
Después de pasar, ya no puedo contar; Una, dos, cien, mil…
Vienen para mi zona. Un exterminio totalmente calculado.
Corro a la cocina busco un recipiente con agua, poco a poco dejare correr el líquido por debajo del ventanal.
Veo un cuchillo. El grande. Lo tomo.
Corro al ventanal, ya dejé correr el agua.
Las ratas desfilan por las barandas del balcón.
Van rápido. Una se detiene, se para en dos patas y mira hacia adentro, no hay privacidad. Sale la de abajo del macetero, se acercan los hocicos, dialogan; miran hacia adentro. De a una no atacan.
Algo están royendo, es el trabajo metódico, trato de escuchar, de percibirlas ¿Donde taladran? Estoy seguro que es fuera de mi imaginación, de ni cerebro. Pero a otros les llegan.
Se apiñan contra el vidrio. Me sonrío. Sacuden sus patitas mojadas. Apoyo el cable. Corren. Se corta la luz. Chillan, se arrastran, quedan duras. Están de nuevo contra el vidrio.
Luz, pienso. Linterna, velas, fósforos.
Busco a ciegas. Corro, dejo caer las persianas. Estallan.
Papel fósforos, antorcha, combustible.
El Sol se ha puesto. Agua bajo el ventanal, se dispersan esperando la corriente. Las demoro .No es la solución.
Miro el horizonte. Edificios enteros arden. Allí no entraran las ratas.
Papel, ropa, diarios, libros, muebles, fogata…
Neruda, Machado, Hernández, Ionesco, Cervantes, Sartre, Guillen. ¡Qué me muerdan los ojos!
Aprieto el cabo del cuchillo. Lo dejo.
Corro a la cocina. Saco los estantes de la heladera, me mido. Entro .Salgo. Una armadura. Alguien golpea el vidrio.
Es un solo cuerpo, una ola de ratas, una masa negro pardusca.
Veo una rata entrar sola por el otro extremó.
Maldita exploradora, ya tienen el túnel.
Corro, salta. Corre, amago. Amago se arrincona. Golpeo, duda. Duda, explota.
Prendo un fósforo y lo tiro al cuarto, todo arde.
Presiento que alguna grita dentro de la hoguera.
Prendo una antorcha, la mojo con el coñac que guardaba para las grandes ocasiones. Y esta es una.
Tengo miedo. Un débil pero constante martillo insiste en el ventanal. Todo lo combustible contra el vidrio. La cultura al fuego. La colección de Crisis. No te apagues nunca.
Una, dos, tres; sobre la hoguera, cuando el vidrio estalla, cincuenta cuando arrojo el fuego. Me deslumbro. Arden. Me siento, tomo un respiro y un trago.
Desde debajo de la pileta una me observa, sale otra…
Giro mi cabeza, ni siquiera las cuento.
No me atacan, supongo que aún me temen…
Tomo papel y lápiz, escribo, escribo todo esto; abro la heladera y lo tiro adentro. Con la convicción de ser testigo.
Prendo un cigarrillo. Cierro la puerta herméticamente. Me siento y las observo.
Ya son más de cien… Me miran, muestran las dos agujas blancas bajo los bigotes.
No voy a correr, no voy a callarme, ya no me muevo.
Aprieto mis ojos con las manos, éstas con las rodillas y espero. Espero.
La campanilla del reloj. Veinticuatro de marzo de mil novecientos setenta y seis.
vampires.nightforum.net

Mario C.Lamique (Argentina)

 

LOS ROBADORES
 
 
La primera vez que entraron en casa nos asustamos mucho. Mi papá no se movió de su lugar en ningún momento, parecía que no respiraba; mi mamá gritaba cosas que nadie de los presentes se tomó el trabajo de entender, mientras nos abrazaba —muy fuerte— a mi hermana y a mí, como si nos fuera a asfixiar.
Ellos hacían todos sus movimientos de forma maquinal, como siguiendo paso a paso una coreografía; mi papá no salía de su insoportable quietud, y mi mamá, en un intento desesperado por escapar,corrió hacia la puerta, pero le fue imposible abrirla: ya no era la nuestra.
 
La segunda vez que entraron se hizo de noche en ese instante. Saltaron la verja, se metieron por la puerta, que estaba mal cerrada y volvieron a hacer sus movimientos maquinales, manipulando las armas; una bolsa vacía y otra llena. Robaron el televisor a color y pusieron otro falso en su lugar, hicieron lo mismo con el equipo de música, el microondas y los cuadros de paisajes que tapaban manchas de humedad en la pared; cuando ellos se fueron la noche siguió.
 
La tercera vez que entraron nos habíamos mudado de casa pero nos encontraron igual. Estábamos solos, mi mamá ya se había ido y mi papá tardaba en llegar; ellos entraron sin esfuerzo y con sus dos bolsas robaron cada uno de los artefactos del hogar y los muebles, y pusieron otros falsos en su lugar, sin mirarnos. Siguieron robando, un florero, expresiones de fotos familiares y hasta pósters de la habitación de mi hermana, que abría la boca como si estuviera por decir algo y se balanceaba de atrás para adelante como presagiando una caída.
 
La cuarta vez que entraron los maté.
 
Mi mamá viene a verme seguido y me cuenta mentiras sobre su vida, continúa diciendo frases incomprensibles aunque ya no me puede abrazar —muy fuerte— como si me fuera a proteger.
 
Mi padre está tranquilo en casa, a salvo de sobresaltos, ya sin nada verdadero que le puedan robar. Mi hermana a veces emite algún sonido, pero de su boca nunca sale  palabra, mientras balancea el cuerpo de atrás para adelante, estando siempre, a punto de caer.
 foto ext demipuntodevista.com.mx