lunes, 30 de julio de 2018
Rodrigo Verdugo Pizarro
ENCOMIENDA DEL INVIERNO A Singwan Chong Li
I
Mi corazón con su celo de toro dorado
te hará vivir conmigo en un remolino.
Truena la sangre,
bajo cada pétalo hay un milagro,
mueren de sed los lagartos.
II
La niebla es la madre de mí de sangre
la acompaño en sus evocaciones secas,
como un hijo llevando del brazo a su madre.
Le prometo un reinado sobre los resplandores
cargo de encomiendas crepusculares esta muerte
llueven señales.
III
Yo resucito aguas con mi copa
la transparencia gime,
el pájaro hizo laberinto
la desgracia del mar
que se anuda al cielo
en cada hombre y mujer que copulan.
Obra de Singwan Chong li
domingo, 29 de julio de 2018
Manuel Barranco Roda
Bailarina
Y entre los silencios del sonido del viento pasaron otros diez años... Me puse las medias de rejilla y esa faldita que me queda también, para ir de paseo por Gran Vía. Con la cabeza bien erguida y dando sentido a cada paso que doy, luciendo mis Manolos de tacón de aguja, pronto note que era el centro de las miradas y algunos hombres se detenían a mirar la fantasía infinita de esos tacones vertiginosos, esas ocurrencias que sus mentes piensan en hacer con mi cuerpo. A mí me gusta esa locura de la naturaleza de atraerse entre las miradas furtivas. Pero no era ninguna de esas miradas, la que yo quería encontrar. Buscaba un demonio, un brujo de siete cruces, un experto en el arte de la magia negra y en las fuerzas de la naturaleza. Buscaba su poder, ese hechizo para transformar al Humano.
Con un movimiento de caderas apareció en un teatro, estaba acostada en el escenario, infeliz, abrazando sus rodillas, esperando que se abriera el telón. Despertó entre leotardos, y ella con su tutú y sus zapatillas de media punta, de atrezzo un caldero y bailarines danzando a la muerte a su alrededor. Se fue despertado lentamente con pasos de baile urbano, mirando a ese punto del horizonte... Queriendo ser feliz. Cambia su rostro al ver el caldero y comienza a danzar con movimientos de ballet clásico, dando pirouettes infinitas y algún que otro cabriole por el escenario. Aplauden, aplauden todo el público enloquecido. Ella recibe los halagos con algunas sonrisas pérdidas de su infancia, aunque sabe, que su fin es otro. Se descalza las zapatillas de media punta y choca las suelas entre si, del caldero comienza a salir un humo gris que se apodera de todo el teatro. A la gente le empieza a dar como ataques epilépticos y sus cabezas se transforman en cabezas de animales; cerdo, jirafa, perro, cabra, caballo, gato, tigre, gallina, ratón... Así, hasta el último de los seres humanos que estaba en ese teatro, menos yo por ser un pobre demonio escondido entre bambalinas, observando enamorado a mi bruja bailarina,
que por cierto seguía danzando entre los animales.
Emilio Medina Muñoz
Esa mirada..., ¿es la tuya...?,
¡con esa nos has mirado
cuando a tu lado pasaba,
con mi hijo de la mano!
¿Que pensabas...?Esos ojos...
Cuando a mi niño mirabas,
parece ser que querías
decirme que aun me amabas.
Pasaste de largo... ¡al fin!; Cuando a mi niño mirabas,
parece ser que querías
decirme que aun me amabas.
mi hijo, inocente preguntaba:
Dime papá, ¿porque me mira
con pasión, tan bella dama?
Hasta mi niño notó,
la fuerza de tu mirada.
La madre de Sophy
Una gran puerta de madera de color caoba, posiblemente
construida con esa carisima madera, daba paso al gran salón que otrora serviría
para el deleite de la danza.
Una mesa camilla, un sillón de orejas, varias sillas, un
gran reloj de péndulo y pesas, además de un gato negro, componían el paisaje de
la antes barroca estancia.
Una cabeza de plateados cabellos se adivinaba mas que se
veía recostada sobre una oreja del
sillón.
De algún lugar impensado, llegaba el sonido del tango Caminito,...¡ desde que se fueeee, triste vivooo yooo, caminito amigooo, yo también me voy,...!.
De algún lugar impensado, llegaba el sonido del tango Caminito,...¡ desde que se fueeee, triste vivooo yooo, caminito amigooo, yo también me voy,...!.
Se oyó un suspiro de la persona que ocupaba el sillón.
En ese momento, el
reloj dejo salir su melodía anunciando en su canto, que era el momento de
cambiar de día.
El negrisimo gato se incorporó y se estiró todo lo largo
que era, para después, volver a su postura primitiva.
Todo respiraba tranquilidad, todo era serenidad,... ¿ todo ?...
Cuando con paso dudoso y temiendo algo Sophi, se acerco al
sillón a dar su beso de buenas noches a su madre..., ¡ que horror...!, fue su
única expresión, antes de caer muerta al suelo.Todo respiraba tranquilidad, todo era serenidad,... ¿ todo ?...
Pintura de - JUAN CARLOS BOVERI
Cristina Larice de Roura
Mujeres recorridas por un texto
Poema de la muestra fotográfica
“Mi particular mirada y mis ficciones”
Las mujeres que leen
La niña que traslada su inocencia
por el mar de la vida
Las que transportan carretillas de sueños
Las abuelas que pasean con sus nietos,
los buscan o los esperan
Las mujeres que escriben o comparten textos literarios
Las que están escondidas en el paisaje rural
lavan a mano buscan agua
ordeñan alambran sufren callan
La jovencita que danza un atardecer poético
sobre una balsa de sueños
Las que se defienden de los violentos
Las que son manos de la tierra
Las emprendedoras, artesanas, empresarias, profesionales
Las que cuidan, esperan, acompañan, están siempre
Las amigas que se encuentran o desencuentran
Las que son toda Teta puro amor Madres
Y yo,
que ando con mi piel al viento,
soy todas ellas
construyo con ficciones nuevos universos
para escapar de la rutina los miedos la muerte.
Los Tendales
Muestra fotográfica “Cosas de Mujeres”
Las prendas,
prolijamente colgadas,
vacías de contenidos
penden de los broches.
Se dejan llevar por vientos
brisas huracanes
Los tendales improvisados
en la geografía del hogar
forman parte del paisaje social
Son *Cosas de mujeres*,
los quehaceres de la casa,
repiten y repiten
como un interminable discurso que nos atraviesa.
La ropa cuelga en los tendales
liberada de los cuerpos
Anónima
Sin el perfume particular de cada ego.
La vida, también, cuelga de un hilo
la sostienen miles de broches.
Pero nosotras
abrimos la puerta para ir a jugar
y colgamos en los tendales del mundo
tristeza frustraciones broncas
para que nuestra ropa luzca hermosa
y nos lleve a realizar los sueños
los deseos
la verdadera vida
Pintura de Joseph de Camp
Oscar Vicente Conde
PUERTAS
No necesito dar explicaciones.
Soy consciente de mis actos.
Y aunque quieran tildarme
de loco
o de intrigante
o quizá me traten como un incapaz.
Los contradigo.
Y sigo diciendo:
Por esa puerta se fue la luz disfrazada de mujer.
Por la otra entró la oscuridad.
Desnuda.
Sólo una me convenció.
Y aquí estoy.
Tanteando entre las tinieblas.
Escuchando las voces que nadie escucha.
No estoy loco.
Ustedes pueden creerme o no.
Por las dudas, clausuré las puertas.
NOCTURNO
Se escuchan los pájaros con sus conversaciones
antes de pasar a cuarto intermedio,
mientras las ventanas pestañean somnolientas.
Un grillo grita cansado.
Las escasas luces titilan inciertas,
reflejan en los espejos su escasa capacidad de asombro.
Los niños guardan sus manos bajo las almohadas.
Los hombres esperan junto a la hoguera,
donde se incineran los últimos sueños.
Alguien espera bajo el dintel.
Se disecan las últimas flores en el jardín invisible.
No hay brisa que acaricie los solitarios árboles.
Ni pasos que adulen a las sombras.
Una voz lejana reclama bajo la luna rojiza.
El silencio se hace eco temprano.
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