miércoles, 27 de junio de 2018

Osvaldo Victor Fernández

           

POEMA I

Hay una hora

elegida para morir,

no tiene que ver

con un corazón

que se detiene

o con una corona

sobre la pared.

A veces

se muere por un milagro;

el ataúd

puede ser

una esquina cualquiera,

solo basta

que faltes a la cita

para siempre.





POEMA II



Ella camina

las huellas de todas las ellas.

Me mira

y hunde su ella

en el centro exacto

del latido que apura

mi pulso.

Todas sonríen,

y hechizan y se funden

en la levedad de mi destino.

Ella,

síntesis de todas las ellas,

vibra esta cajacuerpo

que se rinde,
                                                                                                                          incondicional.
 Pintura de Paul Delvaux

Paco Granados Mellado


LOS NIÑOS DE HALLOWEEN

Era noche de halloween y Pedro como todos los años se disponía a ver una película de terror. Preparó la cena y ya se disponía a poner el Dvd, en ese momento sonó el timbre de la puerta. Al abrirla, ahí estaban los niños que hacían el truco o trato, como todos los años. Entre ellos se encontraba una preciosa niña de pelo rubio y ojos azules.
“Hola pequeña, lo siento, este año no tengo caramelos, ni dulces para darte”
La pequeña esbozando una sonrisa le contestó…
“Solo quiero tú alma”
La niña se marchó dejando a Pedro algo contrariado, pero no le dio la más mínima importancia y cerró la puerta entre risas. Iba vestida con el uniforme del colegio, tenía la cara blanca y llena ensangrentada, la verdad es que parecía real. Pedro se acomodó en su sillón para poder ver la película. De nuevo una vez más volvió a sonar el timbre. Óscar un poco harto volvió a abrir la puerta, esta vez era un niño. Llevaba el mismo uniforme que la otra niña y también tenía la cara pálida y el rostro ensangrentado. Pedro pensó que serían hermanos y se dirigió al niño diciéndole lo mismo que le había dicho a la niña, pues no tenía nada que ofrecerle. Aquel niño le respondió a Pedro que él no tenía hermanas y que lo único que quería era su alma. Segundos después el niño dio media vuelta y se marcho. Pedro algo cansado volvió a cerrar la puerta de casa, hablando en voz alta…
“Los niños de hoy en día deberían ver menos películas de terror…”
Por fin Pedro pudo sentarse a ver la película tranquilamente y así relajarse. Cuando finalizó se fue a su habitación para descansar. Al entrar en el cuarto tuvo una sensación extraña, de esas en las que crees que hay alguien detrás de ti, pero que seguidamente te das la vuelta y no hay nadie. Pedro no dejaba de sentir esa presencia… Comenzó a escuchar pasos detrás de él. Sentía como si le siguieran, pero no lograba ver a nadie. De repente empezó a sentir como si alguien le estuviera soplando en la nuca. En ese momento si tuvo miedo. Se sentó en la cama, y se dio cuenta de que el colchón se estaba hundiendo solo, sin su ayuda. Fuera de si, Pedro salió corriendo en dirección hacia la ventana y en una esquina de la habitación se arrinconó. Al momento dos golpes muy fuertes sonaron en el cristal de la ventana…




Pedro no se lo podía creer, pues vivía en un edificio de altura.
“Esto es imposible, si vivo en un tercer piso. Quien va a alcanzar desde fuera para tocar la ventana…”
Volvió al salón y cuando aún no había llegado, comenzó a sonar el timbre de la puerta una vez más. Esta vez eran dos niños…
“Queremos tú alma”
“Iros por favor, dejarme en paz…”
Pedro intentaba decirse cosas para tranquilizarse, pero parecía que su cabeza le estaba jugando una mala pasada. Decidió encender el televisor para no pensar en nada. Las noticias estaban diciendo que dos niños habían sido atropellados al cruzar la carretera, causándoles la muerte instantánea. Pedro quedó impactado, pues el telediario había puesto los rostros de aquellos niños y resultó los de aquellos niños que estuvieron llamando a su puerta. Pedro gritaba nervioso y no paraba de decir…
“Dios mío, esto no puede ser. Seguro que es un mal suelo”
Se levantó para ir a por un vaso de agua a la cocina y al entrar allí estaban ellos… Le miraban fijamente, su olor era nauseabundo y rápidamente comenzó a expadirse por la casa. Ese olor a Pedro le resultó insoportable. Se dirigió hacia ellos intentando saber qué era lo que querían.
“¿Qué queréis de mí?
“Queremos tú alma, queremos tú alma”
“Pero, ¿qué os he hecho?”
“No fuiste capaz de ofrecernos nada y a cambio queremos tú alma”
Los dos niños se abalanzaron sobre Pedro, pero antes de que pudieran alcanzarle, Pedro se lanzó por la ventana. Pedro murió en el acto. Aquellos niños se miraban sonrientes sabiendo que habían logrado su propósito, habían conseguido llevarse el alma de Pedro. Mientras Pedro yacía en el suelo, aquellos niños se desvanecían en la oscuridad de la noche.

Julia Elena Agostina

                                                            


Cielo otoñal
Cielo de las ausencias,
alma que duerme en las
hojas otoñales.
Frías noches evocas el
pasado trastocando los 
sentidos de un presente 
en soledad.
Vibrando en cada suspiro
emanando lo superfluo 
de la vida, ahuyentando
el amor deseado.


Nostalgia 

Desciende el manto de la noche,

la soledad emerge, aniquila mi raciocinio, 

lo devora como si fuera un animal salvaje.



En el sigilo, mis pasos trazan escenarios 

con jirones de sombras que se adhieren 

a mi maltrecha vida.



En el umbral de la percepción

se van desarraigando mis sentidos,

asfixiándose en la inmensa oscuridad,

perdiéndose en la nostalgia y el dolor.



Mi alma quedó atada en la penumbra

de un cuerpo sin vida, que se filtró 

en medio de la desesperanza, dejando 

huellas de ausencia en la senda marcada.


   Pintura de Christian schloe

Carla Demark



Los ojos del poeta

Lo que veo es un engaño.
Un vértice pequeño
de lo que existe y late.
Un apéndice vacío y quieto
de lo que vibra y hace.

Rebusco en papeles viejos,
indago con palabras huecas.
Busco un anzuelo en mis ojos
para perforar la apariencia.
Sé que la magia también existe
en aquel pedazo de hierba.

Y alguien dice que saber mirar
es contemplar desde uno mismo.
Y desde allí la propia letra
arranca las cortezas de este artificio.

¿Una hoja es siempre una hoja
y una mirada es igual a otra mirada?
Para el poeta no:
él puede ver al desamor naciendo
en un granito de escarcha.

De Siete mil aleteos (Dunken, 2016)

 

 
Epitafio

Me opongo a la muerte
porque es obtusa y desconsiderada,
porque es distante y agachada
y tenue en sus visitares.

No quiero ver al pájaro caer
en el vuelo hacia el ocaso,
ni mientras canta las últimas notas,
ni cuando calla al llegar la mañana.

Me opongo a la muerte
por fantasmal e insulsa,
por semitrágica y semimítica,
por altanera y desvergonzada.

No la quiero: es siempre inoportuna,
inalterable desenlace al que temo,
como le teme a la quietud el viento.

Que no venga.
¡Aún quiero extinguir este dolor con vida,
arropar este temor con alma
y resistir con versos mi alegría!

Que no venga.
Que se hiele en el mar en que nunca nadaré. 


De Siete mil aleteos (Dunken, 2016)




Maria Amelia Diaz

                                                         


NO LUGARES - SUPERMERCADO

Alineados,

en sucesión perfecta con su pregón estrepitoso de envases,
rojos, amarillos, verdes,
como si fueran los juguetes de la infancia
deseados detrás de la vidriera,
los productos reclaman la mirada,
hipnotizan.
Y acá estamos:
contemplamos cajas, latas, botellas y paquetes,
celebramos el ritual de nuestro siglo
empujando un carrito que a veces se resiste
y protesta con su voz de chirrido.
Con el prójimo consumidor atravesamos una corta palabra
sobre los precios exhibidos como lámparas,
una sonrisa al muchacho que acomoda
una pila piramidal, con cartel de oferta nueva,
frente a otra góndola nos embotellamos
ante la oportunidad de un precio bajo.
Después nos alineamos, hacemos fila,
en la caja descargamos uno a uno los productos
que hacen sonar la música de su código de barras,
pagamos, efectivo o con tarjeta,
y acomodamos entre toda la compra embolsada
el cepillo que no se necesita,
junto al paté de ganso que nunca comeremos.






NO LUGARES - CALESITA

La calesita da vueltas, gira, rota,

arcoiris de caballitos alegres,
de pequeños que suben y que bajan entre risas,
de barcos que navegan en redondo,
carrusel de autos por carreteras sin destino y con eterno
/retorno.
La calesita de la infancia no es otra cosa
que una premura, visión íntima y feliz de nuestro mundo.
Lección de astronomía,
ahora que trepada a esta Tierra ya los años,
consciente que doy vueltas
(y por milagro no caigo)
consciente que giramos sin destino, ni hacia dónde,
(el espacio rota y nosotros en marcha sobre la Tierra)
y todo es un inmenso vals de calesitas en órbita.
Alguien, en algún lugar, seguro,
extiende la sortija y se sonríe.


Pintura de Tetsuya Ishida

Saul Sanchez Toro

                                                                     


Quisiera darte

"...Una noche de amor..., sólo te pido..."
Norma Alicia Stuard

Una noche de amor quisiera darte,
y estar contigo al lado de una hoguera,
beber buen vino y en sesión tanguera,
al son del bandoneón poder amarte.

Sentir tu piel sedosa entre mis brazos,
recorrer tus caminos y tu vera,
y con caricias, arrullarte entera,
en férvida pasión llena de abrazos.

En tu sudor, bañarme de ambrosía,
y en tus labios beber néctar sagrado,
en tus ojos, sentirme obnubilado

y en tus manos creerme melodía,
disfrutar en tus besos la alegría
de sentir que estaré siempre a tu lado.


 

Doblegada
"...los lamentos que viven en mis poemas..."
Ana Lucia Montoya Rendón

Canto convertido en llanto,
no es trino, es alarido.
Es un sol refulgente
en tarde triste
o es la niebla que se cruza
ante el rutilante
brillo de la estrella.

El alma que cansada ya no llega,
al último eslabón de su destino,
puede llamársele alma derrotada
o simplemente, valor que se doblega.

A esas almas que el camino
se les pierde en la distancia,
son las que necesitan
una luz de una mirada
para que les alumbre
hasta el fin de la parada.



  Pintura de Marc Chagall

Mirta Venezia

                                                         
Vacío de milagros

La mujer/ niña
almacena
palabras que dicen sus temblores.
Y la urgencia  del silencio.
Palabras de un lugar
donde se puede ser otra y no sufrir.
Palabras que guardan
comisuras de luna
una noche herida de ausencia
cetrina soledad al viento
fútiles hechizos.
Palabras que nombran
sus muertos, sus amantes/todos.
Cicatrices húmedas
como pájaro sin alas.
Palabras de un vientre vacío de milagros.
Aquella casona palpitante/ infancia.
La vida que tuvo y no quiso.
Hijos que partieron.
Palabras de un espejo al parir
la que nunca será.
La que duele ser.



Ocaso// De oro

Otoño
que penetras al bosque de Helenas,
con brazos  de naranja,
enredado  en la corteza
lujuriosa
de  árboles umbríos .
Todo  cubres de oro.
Crepúsculo  de  casuarinas.

Mi pelo, cual roja llamarada,
se desguaza
en el pecho velloso del averno.
Los dedos del tiempo
trenzan  esta melena
con sueños que yo tenía
cuando era otra.