martes, 28 de agosto de 2018

Cristina Larice de Roura

  
Los taximetreros
 
Los taximetreros que transitan la noche, levantan prostitutas arrepentidas, esposas perseguidoras, amantes oscuros, poetas despabilados, asesinos de la confianza, asaltantes de virginidades, personajes por un rato.
 
Los taximetreros, filósofos nocturnos, saben que las historias humanas, son distintas o iguales: en las urbanas penumbras, en las esquinas desdibujadas, bajo las farolas de mercurio, en las asfaltadas caricias,
en barrios esfumados o en rincones maravillosos donde el amor late inconscientemente.
 
Ellos saben que la luna enciende la nostalgia y los tragos opacos o las burbujas oxidan la memoria y las virtudes.
 
Ellos que tejen la noche, destejen el silencio, hacen piruetas con las estrellas, a veces son cigüeñas motorizadas que llegan a tiempo con la vida nueva desde el infinito. Otras,  son ángeles sin rostro transportando la muerte, que se les sube, sin pedirles permiso ni hacerles señas, en los semáforos violetas del destino
 
Saben de misterios, dramas y aventuras, siempre dan,  las palabras justas del consuelo, las palabras esperanzadas del vuelto de la vida a los solitarios en pena
 




Maramor
 
 
Los domingos soleados
la gente
sale por la costa a pasear con sus hijos,
 sus perros,  su colesterol, sus sueños,
a entretener su angustia,
 buscar sus recuerdos,
 aliviar su pena
o  calmar sus nervios.
Los domingos soleados , de invierno, son hermosos
las playas son todas nuestras
la ciudad nos eleva hacia el universo
con su magnificencia.
Qué pena,  hoy, como tantos,
paseo mi tristeza.
Desde alguna playa patagónica,
mi amado,
de cara al horizonte,
 me busca,
el  Maramor
                                                                    me trae su silueta

Ana Guillot



El campo de batalla es un guiso. Cada hombre una lenteja, un poroto. El caldo es la muerte y está ardiendo. Se queman los becerros en sacrificio, se expele el humo, su relente. Quema la noche en el altar. Huele a hueso calcinado, a intestinos disueltos. Se queman los becerros, pero Apolo no deja de temblar. -Apolo es un dios misericordioso- dicen los guisantes, los guisados. -Es Ares el que impulsa- repiten.
El guiso está espeso. El campo es una sucesión de hombres, de almitas en pena. No hay espacio para la conmiseración. Las guerras se escriben con los vientres y son siempre una versión apócrifa.
Ni Helena, ni Paris, ni Taltibio. El tema es el tesoro, el hambre por el tesoro. Los buitres se los quedan finalmente. Carne de la carne de la carne. Y es la plebe la que escurre sus súplicas pidiéndole al dios para que todo pase lo más pronto posible. Para volver a casa, a los hilos nocturnos de la amada, al licor inicial. Al hijito que extraña, que se extraña, y que está lejos.
Se regocijan las fauces de los buitres. El tesoro va pasando de manos y en el medio, los hombres. Un banquete a deglutir.
La casa está lejos para los que conduce Agamenón. Los troyanos defienden sus murallas. El caballo no relincha aún. Está sin madera, sin cauce. Antes de que la noche caiga.
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El tiempo detenido en la visión. Cada momento fue distinto, aunque igual fue el canto del pájaro que dividió la tarde en dos. Nunca había dejado de ocurrir.

 De: El licor inicial (inédito)

Pintura Remedios Varo 

. Jorge Tarducci



ACORDE DESAFINADO

Sueño irrealizable,
feroz parodia,
retazo del alma,
entretejiendo ávidamente
tales esquirlas titilantes,
antes del viraje
sin anuncio,
después del acorde desafinado,
y en todos los casos,
mi sobriedad...
tu apatía;
y del amante...
su arremetida.


RITMANDO

Ritmo que se fue.
¿Ritmo dónde estás?
Ritmo invisible,
ritmo en aritmia,
ritmo esfumado,
ritmo que busco,
ritmo fugitivo,
la vida sin ritmo...
¿Qué ritmo parió?

Pintura  Mark Keller

Roberto Fiorenza


  CISNE

En un vitral oscuro y olvidado
Intensamente oscuro
El cisne dormía.
Bajo las ramas multiplicadas
Y al amparo de campanas antiguas
El cisne seguía...
La mar crispada y humeante
Con festones de antaño
Y acordes nostálgicos
Casi paranoicos.
El cisne despertó de su sueño...
La luna había llorado
Y su lágrima mercurial
Azotó su rostro de clown.
 Un mar de poemas
Y tu barca de sueños
En los confines de la espera.

Un mar bravío
Como un puente de palabras
Para llegar hasta vos.

Hasta tu ser íntimo
Que se protege
En el silencio de la noche.

Un mar de sueños
Y mi barca de poemas
Para llegar a tu regazo.

Mariel Monente




I

Querer volver al surubí, a la caña, al sauce,
querer salir de la trama
trama-desafío de tejer el desconcierto
lo inaudito.
Es tarde para decir:
cuando broten los sauces, el álamo ha caído con estruendo,
un rayo lava esa isla negra en el monte
Es tarde
no se desandan
los caranchos
las vetas
los hormigueros como volcanes infrahumanos
no
no sé
¿Dónde estar en la fatiga?
si no puedo estar en
¿Dónde?
romper la gramática
la rima
el sosiego de una imagen

Los peces entristecidos equivocarán el rumbo,
Hay vestigios de tu sombra en el deseo.
¿Hay una saliente, una cornisa en las pestañas?

Escribir sin prisión de juncos
apagando uno a uno los silencios
dejarse llevar por el río, la corriente,
el mar
la tumba de un vecino desconocido,
el mimbre

Sobre el pasto un mantel a cuadros
y sobre él una mesa servida.
todo se derrumbó hace un tiempo
todavía quedan los escombros.


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II



Dame una luna


Dame una luna
en tu retórica vana.

Dame un jazmín que se cueza entre acertijos de alambre
que crezca que florezca que nombre la inocencia
y el desparpajo .Que me manche.

Dame una magnolia que desde el comienzo me embriague
y postergue esta muerte caminante.

Dame una página de arena, una rama seca. Un fruto
disecado
atormentado
que enrosque mi lengua como las castañas amargas de ayer.

Dame un temblor que nombre la mañana de abril del 67
cuando vi la escarcha y le hice una pregunta.
Dame.

No debería invocarse lo que fue
un día la risa en el monte o un barrilete ensortijando la brisa. No.

Porque estoy aquí
nombrando a la inocencia y al verdugo.


POEMAS EN-REDADOS

Serie LO QUE PRECIPITA. 

Pintura de  Marcin Owczarek. "

Norma Starke


Con ritual de lluvia

te cuento un cuento
algo pequeño
un relato que
aún no comienza

mientras se agota la tarde
y una transparencia de oscura muerte                                          
se extiende sobre las ramas sin luz
entrevero los dices    los digo    los diré

el secreto desde el principio
era la tierra
acaso la intemperie que
solo rozaba las  manos
las mismas  que acarician
el cuerpo anónimo
de una paloma muerta

el vuelo inquieto detenido
por una piedra o una bala
disparo al fin
las mismas manos de cavar
una tumba  o un pozo de agua

de alas desnudas el cielo
también se oscurece
así desnudo el cielo
me acerca a lo profano
me descubre la orfandad

 

Un cuaderno para la noche
 

lo oscuro hace su tarea
tiene por costumbre llevarme
luego me arroja / me empuja hacia el desierto
mar de arena mar de agua lo mismo da
los navegantes se guían por las estrellas
y los perros me distraen con sus ladridos
no encuentro  / no hallo el rumbo
sospecho que volverán la levedad y la frescura
mientras
esta canoa sin combustible
encalla en la arena
mar de cielo sin estrellas
tanteo  olfateo
y todo me devuelve la certeza de la noche

ahora ya no sé qué temblor en mi cuerpo
qué parte de mí qué parte de él
aceptará la flecha
la espero
el ansia atraviesa y se descarga
a contramano del tiempo
de este tiempo que todo lo achata
esta lluvia que lava
esta lluvia que seca
y en la mano arde la transpiración extenuada
el fondo áspero se entreabre
es incierto
eternos sonidos guardados
y ahora ya no sé
todo me devuelve a la certeza de la noche



Isabel Pisani   



ARCANO
¿Qué es el purgatorio?
Una penitencia injusta entre cenizas,
un camino tormentoso que no acaba
y un ahogo incomprensible que no cesa.

¿Qué es el purgatorio?
Es haber vivido en lo echado a perder,
es la falta de júbilo e ilusión. Es pesar.
Respirar para no morir y morir sin tumba.

¿Qué es el purgatorio?
Es no esperar nada y esperar la desesperanza,
es escuchar al loco en el vacío
y  repetir insensatos reclamos en espejo.

¿Qué es el purgatorio?
Aceptar que nadie resuelve tus enigmas,
ni encuentra cierta la puerta de salida.
Rutina, veneno, maldición del demonio,
un sinfín de llantos y palabras
y que Dios no escuche los lamentos
ni a los fieles que sembraron sin aliento.

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