miércoles, 29 de agosto de 2018

Roberto Romeo Di Vita

20-8-18
                   PARA UN CANCION TRISTE ….


                    Recuerdo las letras en viejos cuadernos.
                    Recuerdo el recreo de la vieja escuela.
                   Un surco de tiempos, las primeras letras.
                           Un tiempo presente con otros inviernos
                                                                              estalla en mis ojos toda la tragedia
                                                                                en una escuelita  allá por Moreno.
                                                                              Voló por los aires, la joven maestra,
                                                                             le siguió en el vuelo ese otro obrero.
                                                                               Estalla en mis ojos toda la tragedia,
                                                                          dos cuerpos volaron, con ansias de cielo.
                                                                      Con un blanco atuendo y manos de obreros.
                                                                         Volaron muy alto, allá en la escuelita
                                                                      de un barrio muy pobre, allá por Moreno.
                                                                         Tendrá gusto amargo
                                                                      el mate cocido y el pancito tierno.
                                                                         Tendrá gusto amargo
                                                                      toda la desidia, toda la ceguera,
                                                                       de los que en sus cargos,
                                                                  no cuidan las vidas, no cuidan escuelas  

Leandro Alva

 
 
COLLAGE


Hay cierta clase de humano
que utiliza las tijeras
 
para cortar fotos viejas
amputar la figura de su ex
de todos los pasados
creyendo
que aquella tarde juntos
en el Jardín Japonés
será una carpa más
que se hunde en el estanque.


Esa clase de humano
está tan equivocada
como los jueces de Galileo.
Las imágenes de ayer
tienen más filo
que las tijeras de hoy;
cortar una foto
no es ir a la peluquería
a tusar la memoria.
Ese pelo muerto
tirado en el piso
vuelve a la cabeza
y construye su nido.





PERRA MUERTE


Cuando venga la muerte
si me alcanza primero
quiero que mi perro vea mi cadáver
quiero que lo olfatee
 
que le chupe el frío de la cara
que intuya que no soy el de siempre
que ya no pertenezco a la manada
que estoy definitivamente afuera
que a pesar de mi lealtad sin mesura
no pude torcer el oscuro postulado.


Cuando venga la muerte
si me alcanza primero
quiero que mi perro vea mi cadáver.
No quiero que sospeche
que lo he abandonado.
Pintura de

Rodrigo Verdugo Pizarro




ENCOMIENDA DE LA AHOGADA

I
Estoy fastuosamente coronada por un iceberg,
mi corazón pasa entre las cárceles de la luz,
mi corazón hace que la lluvia mienta encima de los muertos.
Como la rosa de Jericó cayendo en las alas del fénix
produzco coágulos fantásticos
que son mis ojos mirando
hacia una raíz imposible
o son las cárceles de la luz
mirándome desde un sueño ebrio.

II
¿Ay quien sabrá?
¿Quién monásticamente
decorara las ventanas con enfermedades espirituales?.
Tócame, insolado y desértico
estuve en las bodas del yodo.
Exprime mis senos arrugados
sonaran campanas impuras
todo el día domingo.

III
Tócalos ahora y exprímelos sobre esa osamenta de mujer
que murió esperando a su prometido
que vendía tumbas y seguros
y viajaba en tren
y asomaba su cabeza afuera
al amanecer.




Del libro inédito: “Encomienda”.

Pintura de  Ryohei Hase

Raul Perez Arias



IN MEMORIAM

Me duele
cada muerte
inoportuna,
innecesaria,
estúpida,
evitable.
Reconozco
al hombre;
esa es mi lucha.
Estoy aprendiendo
a silbar
el silencio
de los muertes
y me faltan
sílabas
para otra despedida.

 

LA CHELISTA

La chelista finge amar
una sonata que no siente.
La batuta centellea
notas de auxilio
la fusa descompuesta.


El concierto en su intermezzo
quedó a oscuras;
el director pidió calma.

Cuando regreso la luz
ella sonreía
con sus notas de miel;
el se acomodaba el moñito.
 
 
Pintura Ensor 

Ana Claudia Díaz





la lejanía con la que ahora admiramos
 

el movimiento de una totora en el camino
otro viaje dentro del sencillo; extraordinario
los plumerillos que se mecen
con un ritmo, de pronto, desconocido

el lugar donde sentarse a observar
la parálisis que contempla el movimiento ajeno

lo ambiguo, el ruido roto de lo ambiguo

la respiración cerca que enciende
las palabras que no llego a decir
y me convierten en mendiga de mí misma

 


¿las azucenas del oriente
 

serán observadas por los mismos pájaros
que ahora se posan sobre estas flores
que nos enredan los pies?

¿la golondrina y su vuelo suave
busca lo conocido cuando emigra?
¿o borra las huellas, los senderos de migas
las huertas de estrellas para perder el rastro
de donde alguna vez estuvo?

¿reconoce la cima de los pinos
su alcoba entre los árboles?
¿y sabe que podrá descansar largo tiempo
cuando llegue al final del recorrido?
¿qué es ahí, a ese puntito que se ve de lejos
a donde va?

¿deshilacha su alma con el tiempo?
¿o deja que el viento desgaste sus alas
como si fueran las hojas de los girasoles
radiantes, desolados en medio del campo?

¿intenta encontrar la señal
un camino de perlas flotando en el mar
como las claraboyas?
¿o que los caparazones de las tortugas
dibujen un mapa, una línea de puntos seguidos
para guiarse?

¿sabe que alguien espera
bajo las estaciones a que aparezca alegre
trayendo la paz del verano?

¿piensa que la muerte es breve?
¿que quizás cuando regrese el paisaje
no sea el mismo, ni estemos acá?
¿que el instante no se embalsama
más que en las visiones que se disfrazan
de recuerdo? ¿que tal vez sea otro el perro
adormecido sobre la orilla que la deja jugar
en su lomo simulando no darse cuenta?

la obstinación de la rutina y el retorno
como un búmeran dentro de la memoria
a veces cava un pozo tan hondo
que solo a tientas y sin luz te deja volver 



de El hemisferio del lado en que quedamos
Baltasara Editora, 2018


Pintura Celsa Flores

Atahualpa E. Amaya






DESPIERTO PARA ESCRIBIR

I



EL SUEÑO SE ASUSTA

POR LA AUSENCIA

DE TU VOZ.



LO RECUERDO: TUS CARICIAS

SON COMO NOCHE

QUE AMANSA

CADA UNO DE LOS SUEÑOS.



SEDIENTO DE OSCURIDAD

LEVANTO SÀBANAS Y RECUERDOS,

SÒLO PARA ENTENDER

QUE AUN AL DORMIR

ESCRIBO POEMAS

QUE DESPIERTAN CONTIGO.





II



LA CLARIDAD

CIEGA ESTRELLAS

Y EL CIELO DIBUJA

LOS LABIOS DEL AMANECER.



EL SUEÑO LLEGA

Y SEDUCE, COMO AVE
MUY PRODIGIOSA.


Pintura Alireza Darvish

martes, 28 de agosto de 2018

Emilio Medina Muñoz







El Patio de mi Casa. El Rayo.

Un gran resplandor, una gran explosión y el sonido de rajarse el almendro, todo ocurrió en el mismo instante.
Todo esto sorprendió al general, cuando con su tirachinas apuntaba en dirección de un estornino.
Completamente empapado de agua, solo viendo luces amarillas, los cabellos, las cejas y parte de su piel chamuscadas, despertó el general.
Se oían voces que lo llamaban…¡ Emilioooooo ¡…¿qué te ha pasado ?...¡ ay, Dios mío…nos vas a matar a disgustos!...estas hecho una pena…¡anda vamos a la casa a ver que hacemos!.

En la moto del hermano de Manoli, José, fue llevado a la Casa de Socorro. Bien embardunado de cremas y colirios, fue llevado a su casa, ante el susto de sus padres y demás familia.

Pasada una semana, su visión era ya mas clara, solo alguna musaraña amarilla quedaba en sus ojos, al mirar fijamente.
Volvió el general a la huerta, después de muchas recomendaciones y amenazas de sus padres. El estado natural del niño, era el de continua batalla. ¿Seria hiperactivo?. Un poco cabroncete, si que era.

Llegado el mes de junio, comenzó la época de la siega del cereal.
Una cuadrilla de seis personas, pertrechados de sus hoces, las cordetas atadas a su cintura y los dediles dispuestos, comenzaron a segar las mieses. Con las cordetas, la ataban en haces mientras el hortelano con la horca de madera, subía  al carro. Allí estaba el general que lo iba colocando como ya le había indicado Pedro.

Cuando el carro estaba rebosando de cereal, se llevaba a la era, se recuperaban las cordetas y se extendían los manojos para preparar la parva, que después seria trillada.

El trillo primitivo, que era el que tenia Pedro, era una gran tabla gruesa
con el extremo anterior vuelto hacia arriba para no arrastrar la mies.
En la parte superior, se disponía de un serijo o asiento para el conductor.
Tenia dos ganchos para uncir a la mula o borrico que arrastrara aquello. El la parte trasera, dos grandes hierros, removían la paja cortada.
Lo mas interesante, por su complicadísima mecánica, aparecía  al darle la vuelta al trillo. Toda la parte inferior de la tabla, estaba llena de lascas de pedernal que ya las quisieran en el Piedrolitico.
De esta manera al arrastrar el trillo sobre la mies y estar el empedrado de la era debajo, la paja se cortaba y el grano se separaba de la misma.
¡ Cuando quieras, vuelves!.

El trabajo de trilla, era muy pesado por aburrido. No era extraño que el trillador se quedase dormido y el trillo parado.

Un día de trilla, hacia un Sol de justicia, dirigía la operación Chatete, el primo Fernando. Estaba medio dormido con el ramal de la mula en sus manos, un sombrero de paja, y decía algo entre sueños, así como arre, mula.
Un chinatazo en las partes blandas del animal, animo la faena.
La mula, levanto las orejas, lanzo su quejido…¡¡¡iiiijaaaaaa, iiiijaaaaaa!!!, Chatete…¡¡ so mula…so mula !!...la mula, no so. ¡¡Apretó a correr por el paseo empedrado y dejo el trillo con menos piezas, que la boca de un octogenario!.

¿Fernando…?
¡ Ha sido Emilio, señor Pedro?

¿Emilio ?...no me lo creo. ¡ La madre que lo…!

Yo.