jueves, 20 de diciembre de 2018

Gladys Cepeda



Nestor sentado en la mesa de “LA AVENIDA” el bar espera a Julia, sus dedos largos y finos juegan con el resto de los sobrecitos de azúcar, hace pelotitas y las apila hasta crear una torre con la cabeza gacha piensa -¿para que me habra citado? - ¿de que me quiere hablar esta turra? seguro por la guita, siempre habla de eso, me tiene las pelotas llenas, pero si sabe que no tengo laburo fijo desde hace dos años-. La ira se refleja en su mirada, aplasta los papeles, el mozo pasa a su lado con la bandeja bajo el brazo, en el lugar solo hay una pareja que no dejan de sonreírse, un hombre anota en un cuaderno mientras saborea un vino, el dueño en la caja charla por teléfono. Por la puerta se distingue a una mujer alta con el paso apurado que va hacia la mesa de Nestor.

-Hola- dice con frialdad -hola, Julia-ella se sienta poniendo su cartera en otra silla, cuando el mozo viene y pide un café.

-¿Qué tal como estas?-La mirada de ella se clava en el rostro de él

-Mira no vine a hacer sociales, solo quiero que firmes los documentos para autorizarme salir del país con Macarena –Nestor, con la mirada inyectada en odio contesta -pero... vos estas loca, ¡ni lo sueñes!, no voy a permitir que te lleves a mi hija, para irte lejos con ese turro de novio que te buscaste, ya me lo veía venir- 
La voz de Julia se abre en un grito -¡TU HIJA, PERO POR FAVOR!, no me hagas reír, cuando te acordás de ella, vos te crees que por un par de regalitos y unos pesos miserables que me pasas, lo vas a solucionar todo mira mejor, ni hablemos de eso... ademas a vos no te importa, yo solo quiero tu firma- los papeles caen sobre la mesa- y mejor que no hables querés que te haga recordar sobre los mensajitos que te encontré en el celular con esa puta barata de Cecilia--¡Pero de donde sacaste eso! - dice él -lo que viste solo eran chistes entre la gente de la oficina-!callate y no me hagas mas el chamuyo!- 
El mozo llega y pone el café sobre la mesa pasando un trapo dice -por favor le pediría que no haya escándalo- 
 El mozo se va, Julia con los ojos puestos hacia la nada, da vueltas la cucharita, por un momento quedan callados, él observa las paredes cubiertas de fotos de famosos abrazados con el dueño.
Julia mientras bebe su café lentamente,aplasta hasta que quedan negros los bollitos

-Mira Nestor, espero sepas lo que estas haciendo, si no va a terminar mal-

- ¿Es una amenaza?- responde Nestor con furia -decime bruja, ¿ES UNA AMENAZA?- La mujer terminando de tomar su café le dice:

-mira tomalo como quieras-con un movimiento rápido, se levanta , mientras se aleja con una ultima palabra -

- !el café pagalo vos !- dando media vuelta, se aleja .

Nestor furioso golpea la mesa y se le escucha -¡Puta madre !- en forma contundente.Julia regresa dándole una bofetada, comienzan a gritar y empujarse. El mozo asustado se acerca e intenta separarlos, pero ellos de reacción rápida lo integran a la contienda y comienzan a pegarle él que trata de defenderse, el dueño del bar llama a la policía, al instante se escucha la sirena y se ve a dos policías que entran armados.

-Por favor,pare!¡Pero escúcheme somos actores, estábamos ensayando, para un próximo programa de televisión, es un reality sobre familias, por favor no nos lleve, nos van a firmar un contrato exclusivo,¿ No es así Julia contale por favor decí algo?-Julia enmudecida solo asentía con la cabeza. De los agentes solo se oyó esta sentencia mientras le ponían las esposas.

-Ensayo.... ensayo, si hasta le pegaron a ese pobre hombre, déjense de jorobar. mire a mi no me interesa... las explicaciones, la dan en la seccional .

-Pero.., no miento- dice tartamudeando - laburamos de esto, en serio, llame a Rodríguez, el productor-. 
Los policías los sacan a la calle, ella sale lloriqueando casi en silencio, el piensa mientras sube en el auto, putea por lo bajo a todos pero, especialmente a su profesor de teatro, la vocación y el estilo basado en Strasberg.

La calle queda con el sol de la media tarde, mientras de puntos distantes salen hombres con sus cámaras de filmación, y otros con cámaras de fotos sonríen y se alejan, pensando que buena nota acaban de conseguir. Adentro mientras todos no dejan de comentar lo sucedido, el dueño sonríe pensando quien iba a pensar que iba a lograr tan buena publicidad para su negocio, mientras termina de ordenar, y dice -No se porque después se quejan de que la televisión y los diarios no sirven- su risa al unisono con otras risas inundan las paredes oscuras de madera gastada y desarman el esquema de la rutina.

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Pintura El inca

Liliana Varela


Karma 

                       Con alivio, con humillación, con terror,
                    comprendió que él también era una apariencia,
             
                                 que otro estaba soñándolo.

                                        “Las Ruinas Circulares”
                                              Jorge Luís Borges

Deseaba morir. Al fin y al cabo era la única salida. Sería la mejor manera de terminar con su torturada mente, con sus remordimientos, con su lascivo y sangriento deseo. No podía evitarlo. Desde el primer homicidio –involuntario entonces- el sabor de la sangre y la adrenalina llamándolo se habían convertido en su única obsesión. Necesitaba matar, era imperativo sentir como la vida se extinguía bajo las palmas de sus manos, oír los ahogados gemidos de la víctima que se debatía por lograr una bocanada de aire, captar el calor del pequeño cuerpo de un infante bajo su pecho opresor.No lo había elegido, era más fuerte que él. Por eso había decidido entregarse a la policía, por eso había enviado las cartas señalándolo como el asesino de esas diecisiete criaturas y descubriendo los restos de las víctimas. No tenía coraje para terminar él mismo con su existencia, necesitaba que otro lo hiciera por él, que otro jalara el gatillo, que otro acabara con su miserable vida. Inyección letal: perfecta solución frente a él. No le interesó el ruido de los proyectiles silbando en el aire, la sangre de los guardias goteándolo todo, el estallido de la dinamita volando paredes, el aullar de sirenas y alarmas, la inyección destinada a sus venas volar junto a él. -¡Estás libre! volviste a nacer ¿no?- le gritó un preso mientras le entregaba al carcelero herido destinado a inyectarle la dosis fatal- acá tenés a tu verdugo, hacéle lo que quieras pero rápido, no hay tiempo. Miró a su verdugo herido de muerte, a la máquina que inyectaría la dosis destruida, la imposibilidad de morir, de acabar con su tortura. En una rápida reacción cargada de furia lo destrozó a golpes. Sintió la voz de un preso junto a él...-¡VAMOS! tenemos el bus con los niños del kinder de rehenes... Suspiró resignado. Su karma jamás acabaría....

Ext de  Cuentos para no dormir
 Ediciones Muestrario
 

David Antonio Sorbille

 

 LA SOMBRA DE LOVECRAFT


El hombre había despertado de su sueño e intentó incorporarse, mientras una extraña sudación se apoderó de su cuerpo desnudo y apenas arropado por una sábana empapada de presentimientos oscuros.
Al borde de su cama, ensayó un movimiento de su mano derecha como definiendo un arco en el aire y observó, en el silencio de su cuarto poblado de fantasmas, el itinerario de una pesadilla que era capaz de hacerle cometer algo indecible.
La naturaleza de una venganza no tenía límites dentro del mundo insondable de la imaginación, pero una persona de su confianza le acercó el número de teléfono de un sicario, a quien sólo debían informarle los detalles puntuales del sujeto a eliminar y contraer un compromiso con un valor establecido.
El hombre se atrevió, entonces, a dibujar un arco en la soledad de su cuarto, un arco sin línea, esfumado y tan inexpresivo como su rostro dominado por una fatal palidez.
En su mesa de luz, había restos de ginebra en un vaso depositado al lado de un libro de Lovecraft, con una página seleccionada donde decía: “Desdichado aquel a quien los recuerdos de la infancia sólo traen temor y tristeza”.
Replegado en sus propias sensaciones, se contactó con el homicida profesional a quien le aportó los datos en cuestión y, luego de pactar un precio accesible, se comprometió a confirmar el cumplimiento del hecho, a través de un llamado en las próximas 24 horas.
Los reparos formales que le confió al sicario encontraron una rápida respuesta que lo tranquilizaron, porque el crimen sería absolutamente limpio y sin sufrimiento, casi como un experto cirujano frente a un paciente sin esperanza alguna.
El tiempo transcurrido después de esa llamada pareció consumirse velozmente, pero, en tanto se preparaba para efectuar lo pautado, un escenario de imágenes infantiles lo abordó sin descanso, y a sus primeros días en la escuela primaria, se le fue sumando circunstancias olvidadas de su adolescencia y de su particular trato con su madre, antes de haberse separado de su padre.
Las sorpresas de la vida lo fueron confundiendo, mientras crecía en compañía de su padre que había ganado su tenencia, hasta que, desde hacía cuatro años se encargaba de asistirlo, debido a que un ataque lo había dejado con medio cuerpo paralítico.
En esa oportunidad, la soberbia inaudita de su padre, lo enfrentó a los agravios de su madre, que intentó ganar el apoyo de un hijo que mentalmente ya tenía. Sin embargo, el hombre dibujó un invisible arco y pretendió despertar de su pesadilla, recuperar la conciencia esa mañana en un cuarto solitario de un departamento a varias cuadras de la residencia en que vivía su padre afectado por una hemiplejia.
Pensó, entonces, que su madre entendería y que su decisión no respondía a satisfacer necesidades económicas atesoradas con egoísmo por su padre durante años de éxito empresario, sino que era la consecuencia de una urgencia vital que no le dejaba opción, aunque desconocía que su plan estaba expuesto a reglas absolutamente imprevistas.
Es así, como el hombre, ya de pie, se aprestó a vestirse y recordó que había hablado con el sicario antes del plazo estipulado para renegar del contrato durante una deficiente comunicación telefónica que le hizo dudar de sus propias palabras.
Luego, con los pantalones puestos y aún descalzo, se dirigió al baño para lavarse la cara y mientras se secaba con una toalla, observó que su rostro se multiplicaba en otros rostros deformados e inescrutables, y pensó en su madre que lo había abandonado y en las cuadras que lo separaban de la casa de su padre.
Y sintió, como nunca antes, que debía apresurarse para evitar que el sicario cometiera un crimen del que ahora renegaba, entonces, desafió la pesadilla y abrió la puerta de su cuarto y una vez que la traspuso se encontró con una escalera caracol y al final de la misma, en un sillón de ruedas apareció la figura de un hombre de ojos pardos y cansados, bigote pronunciado y cabello entrecano que lo observaba en silencio, casi tan normal, como un padre espera a un hijo.

Ext de  LOS LUGARES COMUNES Y OTROS RELATOS

José Muchnik





Supongo que antes, mucho antes del fuego, ya habíamos inventado las trampas. ¡Comeos los unos a los otros! No te enojes Jesús, así fue siempre, claro que mejor sería amarse, pero qué podemos hacer si tiraron dados cargados. ¡Yo qué sé quién los tiró!, mejor no averiguar.
Por supuesto que el fuego fue un gran progreso, permitió churrasquear bestias que antes comíamos crudas. La gente es así, desagradecida, nadie se acuerda cuando saborea chinchulines o chorizos, que está en deuda con genios anónimos que inventaron el fuego. Tampoco Josecito imaginaba que las
tramperas para ratones o pajaritos que vendía en la ferretería
Don Miguel tenían sus orígenes en los confi nes de la historia, ahí donde comenzamos a “domesticar” la naturaleza.
El principio para cazar mamuts no era muy diferente, un hoyo enorme disimulado con palos y ramas, un señuelo y…esperar que el mamut caiga. ¿Se imaginan? Una horda de pequeñitos humanos matar y despedazar un enorme mamut, no cabe duda que somos animales muy inteligentes ¿o alguien piensa lo contrario? Trap, trap, trap… parece que la palabra trampa también viene de muy lejos y tiene sus orígenes en el ruido24 de los pasos; después de todo, hacerle “pisar el palito”a otros animales o a sus semejantes nos preocupó a lo largo de nuestra evolución, y nos sigue preocupando. ¡No! ¡Por favor!
No entremos en debates inútiles, en eso andamos desde que estrenamos esta obra, en erigirnos en el centro de la creación, no sé si es un éxito, pero que hay público lo hay, cada vez más, aunque se caigan del mapa, tampoco conocemos libretos alternativos, no, no hablo de política, me refi ero a la estructura de la tragedia.
Josecito vendía las tramperas para ratones sin la menor idea de que esos pequeños objetos eran fruto de milenios de sabiduría, tampoco sentía piedad alguna por las bestiecillas guillotinadas. “Mire señora, si no tiene queso ponga un poco de pan duro en esta lengüeta, luego la arma así, con cuidado
y la deja en algún rincón, ojo apóyela despacito si no…” entonces me daba el gusto, tiraba un clavo o un tornillo en el lugar preciso y… ¡TRAP! … “¡Ayyy!..” “No se asuste señora.
¿Vio? es muy sensible, cuidado con los dedos”, aconsejabacon simpatía a los clientes. Después de todo por qué horrorizarse, Boedo no era la jungla pero había que sobrevivir, la
feria de Colombres, el mercado de Inclán, el de San Juan…desparramaban roedores por el barrio, tratar de liquidarlos me parecía normal. Algunos preferían agarrarlos vivos, cuestión
de economía decían, estas tramperas se pueden reutilizar, no quedan impregnadas con olor a sangre, son bichos muy piolas, si huelen algo raro se rajan. “Después los ahogo pibe, qué querés que haga que los saque a bailar”, aclararon un día mi duda de manera “amable”, no entiendo por qué eso
me daba más asco que imaginarme las cabecitas aplastadas de un saque, hay cosas difícil de explicarse. Las tramperas para ratas, más grandes, de madera o de hierro, funcionaban con
el mismo principio, pero esas no me dejaban despacharlas…prohibidas para la manipulación de menores.
Con los pájaro era diferente, les veía cara de asesinos a los compradores, tal vez la memoria me traicione pero eran más bien hombres, les mostraba las tramperas, yo qué sé cómo
funcionan, eso lo debe saber usted jefe, trataba de terminar la venta lo más rápido posible, no soportaba la idea del pajarito prisionero. Cuando le pregunté para qué querían cazarlos, mi viejo respondió “los venden Iósele”, con una sonrisa tenue,como disculpando mi inocencia. “Van aquí nomás, a Luján,Cañuelas… o un poco más lejos, a Punta de Indio, Chascomús…ahí agarran ‘cabecitas negras’, chorlitos, cardenales, jilgueros… hay un buen mercado…”. Así es Alejandra,25 la
jaula no se volvía pájaro, la poesía es vida pero la vida no siempre es poesía, así terminaban pobrecitos, música emplumada en jaulas, mínimas Venus hotentotes26 para distracción de…
Y así seguí perdiendo mi inocencia, lo que no me había dicho mi viejo es que las aves no vendibles, entre ellas los gorriones, terminaban en “polenta con pajarito”. No señores, no es ningún invento, es más, en el norte de Italia fue una tradición culinaria hasta los años setenta, luego comenzaron a protegerlos, a los pájaros me refiero porque la gente… La gente se la rebusca como puede y aunque a los lectores de Desde Boedo les parezca mentira, hoy, año 2014, comienzos del tercer milenio,
en las costas del Mediterráneo millones de aves migratorias son masacradas en permanencia.27 Triste destino el de gorriones y golondrinas Edith,28 sus gorjeos silenciados en polenta.
Ratones, pajaritos, gente… con los años me da la sensación que estamos dando vueltas en la misma jaula… pero no vemos los barrotes… ¡Cómo se sofisticaron las trampas!



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 24 Trampa: “el origen es onomatopéyico, de la voz ¡TRAP! o ¡TRAMP!
que imita el ruido de un cuerpo pesado en marcha”. J. Corominas, J.A
Pascual. Diccionario crítico etimológico, ed. Gredos, 2001


 25 Del poema de Alejandra Pizarnik “El despertar”: […] Señor / La jaula
se ha vuelto pájaro / y ha devorado mis esperanzas / Señor / La jaula
se ha vuelto pájaro / Qué haré con el miedo.
26 Venus hotentote: En referencia a la historia de Saartjie Baartman
nacida a fi nes del siglo xviii en África del Sur, vendida en 1810 al
británico William Dunlop, quien la llevó a Europa para exponerla en
su circo como una rareza. Prohibido el espectáculo en Londres fue
trasladada a París donde se constituyó en una curiosidad científi ca y
sus restos embalsamados expuestos en el “Musée de l’Homme” hasta el
año 1974. Fueron recién devueltos a África del Sur en el año 2002 donde
fueron inhumados. (http://www.wanafrika.org/2013/02/historia-desarah-
bartman-la-venus.html )



 27 Cada año, de una punta a otra del Mediterráneo, cientos de millones
de aves, desde las paseriformes hasta las grandes planeadoras, se matan
para comerlas, para enriquecerse, por deporte o por distracción. La matanza
es totalmente indiscriminada, con un gran impacto en poblaciones
de aves que ya están sufi cientemente machacadas por la destrucción
o la fragmentación de sus hábitats (fuente: Last song for migrating birds
de Jonathan Franzen, http://www.seo.org/2013/06/18)
 

28 En referencia a la cantante Edith Piaff , apodada “el gorrión de París”.

Ext de  Josecito de la ferretería Nostalgia, tecnología y poesía © Ediciones CICCUS 2015

Pintura de  Ana Karina Lema Astray

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Mariel Monente

 


EROS


Para nombrarte
vibran adoquines, contrabajos, violines
agitados cuerpos a veces juntos, otras
dientes apretados bajo fosas abiertas oliendo en la penumbra
o en la soledad.

Te nombran en el silencio, plagado de presagios
esperan desesperan
y de alguna forma te llaman.



LLUVIA


Frío dorado ardiente derramado
surca los pliegues
                              es más ovillo
                                   más ovillo
la incompletud
toda superficie es labio
y sed
donde el vello siempre cobija
la voz espada
en su misterio sin luz
desovillado.

Ext de Juegos del tiempo 

Irma Verolín

  
EL NOVIAZGO

   Con preferencia a la hora de comer, las mujeres hablaban. Y si el abuelo se quedaba en el negocio hablaban más. La comida sobre la mesa no era otra cosa que un incidente o una  excusa de supervivencia, pero en realidad yo tenía la certeza de que lo único que nos permitía sobrevivir eran las palabras que entre panes, verduras y restos de carne se mezclaban, iban y venían con sus giros amenazantes y sus bruscos altibajos. Se trataba tan solo de un deslizamiento de lo que no podía quedarse nunca dentro de nuestras bocas: eso era el mundo, lo más inasible entre lo inasible, una gran mesa alrededor de la que se sentaban todos, absolutamente todos, menos mi abuela, mi tía, doña Pepa y yo.
   Los temas de conversación nunca fueron variados, quien mucho abarca poco aprieta, solían decirse mientras pensaban seguramente que con manos pequeñas como las nuestras lo mejor era no ambicionar. La vida en general  se perfilaba como el tema preferido por todas nosotras, vale decir esa suma de percances, contratiempos, ilusiones quebradas o la biografía hecha y derecha de alguien que nos rozó alguna vez para irse quién sabe adónde y con quién. Otro de los temas ineludibles, por supuesto, era el de los hombres. Hablar de los hombres en forma genérica, de la misma manera en que absorbíamos ese peliagudo asunto del vivir nos llenaba las horas. Posiblemente la vida y los hombres tenían en común para las mujeres de la casa  su indiscutible calidad de abstracción. La vida, quién lo dudaba, es inapresable, incomprensible, inaudita. Y los hombres también.
    De entre nosotras cuatro  sólo mi abuela  demostraba la capacidad de opinar sobre los hombres concretos y reales, porque lo que verdaderamente importaba, según ella, era la tarea que el hombre desarrollaba, eso daba un indicio claro de su poderío en relación con el mundo. Al pronunciar la palabra “mundo” el acento de mi abuela se volvía empalagoso. Sus aspiraciones se orientaban a estudiantes de medicina, prósperos comerciantes del barrio o sencillamente a muchachos cuyas miradas le dieran la certeza de que brillaba en ellas alguna clase de ambición. Y, por sobre todas las cosas habidas y por haber, me recomendaba diariamente que por favor por el amor de Dios y la devoción a la Sagrada Virgen, no viniera a casa con uno de esos cursientos, uno de esos granujas de siete suelas que proliferaban en las calles de nuestro barrio. Por eso cuando aparecí con Alberto supe que la elección iba a traerme problemas.
   La abuela miró a Alberto de arriba abajo, fríamente, sopesando lo visible y lo oculto que había en él. Después de no haberle detectado en ninguno de los dos ojos un pálido brillo de ambición y, dejando caer sus párpados en abierta actitud de desafío o de cansancio, dijo:
   -¿Y usted, joven, a qué se dedica?
   Percibí lo que las palabras de mi abuela causaron en el cuerpo de Alberto y me adelanté a contestar:
   - Está en el  comercio.
   Yo sabía que la palabra “comercio” era muy amplia y suficientemente  desprestigiada para mi abuela, que padecía junto con  la tía, doña Pepa y yo la usurpación del clima hogareño perpetrado por mi abuelo desde que había instalado ese dichoso negocio en lo que debió haber sido un garaje.
   - A ver, explíqueme un poquito qué ocupaciones le atarean a usted la vida, si es que se puede saber.
   Cuando Alberto pronunció las palabras “papel picado” y “almanaque”, a mi abuela se le fueron los colores de la cara. Por cierto  se trataba de dos palabras opuestas con relación a lo temporal. El papel picado se circunscribe a una época del año muy acotada y muy breve. Un almanaque, un artículo a todas luces tan perdurable o permanente, se compra una sola vez al año y por lo que se ha visto hasta hoy no ha hecho millonario a nadie, salvo a las muchachas que se dejaron fotografiar semidesnudas y por motivos externos o posteriores al almanaque mismo.
   Mi abuela, sin poder creer lo que había escuchado, quiso conocer pormenores, simuló mostrarse interesada en la fabricación del papel picado y en el modo de abrochar los cuadernillos a la lámina ilustrada de los almanaques. Alberto,  ahora muy suelto de cuerpo, confesó que él no sabía nada de eso, él era simplemente un humilde repartidor. Lo odié por haber pronunciado la palabra “humilde”. Le llevó un tiempo considerablemente largo a mi abuela comprender qué clase de relación había establecido con el mundo mi candidato Alberto. El jolgorio del carnaval que simbolizaba una bolsa de papel picado y la desnudez incuestionable de las chicas de los almanaques la llevaban a ubicarlo en el borde de la mayor de las frivolidades; sin embargo la idea del tiempo que transcurre, la tristeza que le producían los números apiñados debajo de tanta muestra de carne femenina, forjaron en la cabeza de mi abuela la idea de que oscuros, perdidos o metafísicos impulsos guiaban la vida de este muchacho. Podía considerarse que se dedicaba a una tarea nada rentable pero metafísica al fin.
    Cada vez que llegaba a casa con mi candidato, mi abuela lo miraba de reojo, sin saber muy bien dónde ubicarlo en su personal escala de valores. Y, aunque no la impresionaba, nunca pudo mirarlo con desprecio. Lo trataba con cierta compasión porque para mi abuela, cerca de fin de año y en los carnavales se juntaba la tristeza más inmensa del mundo, lo que inducía a la gente a salir desaforada a la calle en busca de alguna clase de alegría. De manera que, no bien aparecíamos por el patio, mi abuela miraba a Alberto confundida y enseguida me miraba a mí con una inconsolable pena. La vida le había dado la oportunidad a ella de  tener ante sus propios ojos a un hombre sin porvenir en el más desventurado sentido de la palabra.


Pintura de Pablo Picasso

Valeriano Fauve

 
 
Voces al viento
 
La vida puede que sea para unos la justificación perfecta para llegar al fin de una vida
Para otros un vacío sin sentido
Tu dolor sea no tu caída si tu destino
Vuela dentro de tu cuco
Que no se detenga tu reloj
Ataúd sin crucifijo
Deja la puerta abierta que otros la cierren cuando vengan de los infiernos, dejando descubrir escalón tras escalón cada paso de ti mismo
Puede que sea un infierno tu botella
Sea lo que sea, tal vez no te de tiempo a recoger la maleta
Golpea!! Con tu mente vaya a ser que no te de tiempo, siendo el regreso el peor de los momentos finalizando tu vida en tan solo viejos recuerdos de un demente
Sé que fuiste y hoy dejaste tu camino que no hace polvo
Monta sobre la espuma que brota sobre cuello cerrado
Puede ser que sea la última vez y tus ojos no lleguen a ver el amanecer, en rojos y verdes.
 
 El silencio de la sombra
 
VI
Como cada noche recorría las calles buscando en los cubos de basura, miraba de un lado a otro para fijar la mirada en el oscuro cubo. Tiraba la basura al suelo, buscando algo para comer. En su recorrido llego a un callejón oscuro húmedo por la lluvia. Las nubes cubrían la oblea. Su mirada buscaba entre los coches aparcados algún cubo de basura. En medio de la misma vio un cubo repleto de bolsas y desechos desparramados por el suelo. Como de costumbre miro a ambos lados lanzándose sobre los desechos. Dé repente creyó oír un susurro un escalofrío le recorrió todo el cuerpo quedándose paralizada. Durante unos instantes aguanto la respiración, al soltar el aire el humo que salía de su boca declaraba su posición.
En ese instante vio una sombra se iba aproximando hacia ella. Se oculto tras de un automóvil, esa actitud no era la mejor, puesto que la sombra olía perfectamente el calor que desprende el humano. Los ojos de la chica iban a estallar de tanto movimiento de izquierda a derecha buscando el que de algo que no pudo ver en su totalidad.
De repente miro la puerta que tenia frente a ella, la sombra la observaba. Quería gritar pero algo no le dejaba.
Se le acercó la sombra pasándole la mano por su cabello desaliñado, le introdujo la otra mano entre sus piernas. La beso. La agarro entre sus brazos trasportándola con suavidad dirigiéndose bajo un puente. Allí la desnudo, ella no hacía nada tan solo miraba como la poseía en un silencio con aura opaca. Para ella era un tesoro encontrado entre tanta suciedad, para la sombra era una víctima más.
Esta vez no hubo gritos, si un desparramo de sangre que recorría bajo el puente calle abajo. 
 
Pintura de Joan Miro