jueves, 28 de junio de 2018

Susana Cattaneo

                                                                              
POEMA I

Atardece. Hay un pájaro que brota de la rama.

Un pájaro en la rama de la historia.

Un pájaro con ojos de crepúsculo.

Con alas de noches incendiadas;

alas de cofres extranjeros; del color de la coherencia.

Un pájaro con pico de relámpago, de guadaña enmohecida.

Con movimientos de verano sin montura;

con patas de cangrejos que se duermen;

de potros cansados y duendes medievales.

Atardece. Hay un pájaro en la rama.

Una rama que acuna caracoles.

Un pájaro con mirada de nuez y oro dulce;

con mirada de hoguera ya apagada.

Ojos de cerradura que se quiebra.

Ojos de barcos que naufragan en desiertos.

Un pájaro con plumas de ásperas barcazas.

Plumas con aroma a recuerdo que cubren los baúles.

Con trinos humeantes entre leños de agua fresca.

Atardece. Hay un pájaro en el centro del mundo,

en el centro de las vías del tren,

en el centro de algún meridiano.

Un pájaro en una rama fuerte, precisa,

como la vida, como la inocencia.


POEMA II  (poesía en prosa)


Escrito con sonido del caracol





Es el sonido del Universo.

A vos que me mirás desde el espejo, te hablo. Tenés miedo? Esperás los fantasmas de rostro blanco y cuencas oscuras? Emergen del mar?

Esos gritos de nácar que se mezclan con las olas no son más que las voces de la luna en esta noche distinta. Los otros, esos alaridos que apenas se suavizan algún instante son los de tu culpa, esa que gime en tus sueños, esa culpa de mí, esa de vos, esa impotencia que impide asir las llamas de cualquier hoguera y borrar los caminos de la desolación.


Siento que el océano es una boca con sabor a uvas agrias que me condena y también a vos, mi costado ajeno. Me condena por no poder quebrar el suplicio de todos los que viven. Me criticas, me odias, a veces te apiadas. Sabes que soy temblor entre fauces de filosos dientes.  Extranjera. Soy y no al instante.



Nado en la música del mar que me convoca. Las constelaciones me hacen una cuna y a vos te echo, te empujo lejos de mi vida para no recordar que soy débil. Sabes de mi debilidad pegajosa y por eso te mato. Sombra animal el mundo.

El sonido me envuelve y me hunde en las aguas del color del olvido.

Así descanso en un vaivén de corales que me ayuda a perder toda memoria.

    
        
  Pintura de  Octavio Ocampo                             

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