jueves, 31 de agosto de 2017

Orlando Van Bredam


Convivencia


-Es difícil vivir con una mujer conflictiva, que hace problemas por todo- dijo Juan.
-Cierto. O aquella que dice estar enferma. Siempre le duele algo- dijo Pedro.
-Así era mi mujer.
-¿Hipocondríaca?
-Eso. Hipocondríaca. Cuando no le dolía la cabeza, le dolían los ovarios o el vientre o el hígado.
-Es difícil vivir así.
-Cansa. Harta.Jode. Uno llega contento y ella saca a relucir sus dolores.
Largo silencio de Juan y Pedro.
-¿Te separaste?
-No-dijo Juan- se murió.


Nerudiana

No, no soy machista. Nada de eso. Al contrario, cuando se pronuncia esta palabra toco madera. En mi casa, mejor dicho, en “nuestra familia”, mantenemos una armónica convivencia. Con Matilde, mi mujer, tenemos las cosas claritas. Cada uno en lo suyo, respetando al otro.
Ella, por ejemplo, tiene el privilegio de administrar nuestros ingresos. Es una mujer realizada tanto en el hogar como en sus dos empleos. Con uno solo no nos alcanzaba para vivir.
Mientras tanto, yo escribo. Mi pasión es la literatura. Ella es muy comprensiva, como todas las Matildes según dicen. Siempre me insiste: escribe, Negro, escribe, no te frustres como poeta, tienes un gran futuro.
Ella se dio cuenta el mismo día que la conocí. Le largué al oído unos versos matadores:
A nadie te pareces desde que yo te amo” y enseguida “Te amo y en vano te oculta el horizonte/ te estoy amando aún entre estas frías cosas”.
Matilde es un espíritu sensible. Se emocionó, se enamoró, se dio cuenta de que habíamos nacido el uno para el otro.
Ahora, cuando la veo allí en la cocina, con el último bebé en brazos, renegando con Laurita, picando cebolla, pensando en las cuotas de la heladera, ¡me entra una ternura!
Entonces me le acerco muy lentamente y le digo al oído:
Me gustas cuando callas porque estás como ausente”. Y ella llora. ¡No sé si de emoción o por la cebolla, pero juro que llora!
A veces tengo remordimientos: ¿le diré alguna vez que los versos que digo son de Pablo Neruda?

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