lunes, 12 de septiembre de 2016

Sonia Saavedra


Rodeada de nieve

Con la mirada perdida en ese horizonte blanco, a través del ventanal, siento un estremecimiento en mi espalda. Percibo en mi olfato el olor a pinos.
El fuego arde alegre en el hogar de piedras, cada tanto, chispazos que hacen más cálido el ambiente.
La piel de oso frente al gran sofá, me tienta, quisiera abandonarme a ese calor y dejarme caer con un libro de la muy granada
Biblioteca, que guarda una aroma especial a libros antiguos.
El sol se está ocultando rápidamente, ahora mi mirada es hacia el gran bosque que me rodea, no se divisan las espinas de los pinos y otros árboles, todo es blanco dorado por el sol que cae.
Se que el que me acecha, se encuentra vigilante y ante la mas mínima distracción de mi parte, atacara.
Estoy abastecida de víveres por lo menos para tres meses más, igual el granero esta hasta el tope de leña, espero cada día , que el helicóptero sanitario que tras un prolongado silencio, suele venir para anoticiarse de alguna desgracia , venga por acá.
Recuerdo el día de mi última salida al bosque, recién comenzaba a nevar, suave, fría. Quise sacar algunas moras que quedaban en las zarzas, para hacer mermelada. Sentía en mi paladar el gusto a moras, con su perfume característico. Me aleje bastante de la cabaña, acompañada de Catriel, mi perro ovejero.
El saltaba alegremente, hundiéndose en la suave nieve siguiendo unas liebres, cuando escuchamos los disparos, Catriel gruñía ferozmente y corrí hacia la cabaña, alentándolo a que me siguiera, seguro algún cazador furtivo,, era el autor de los disparos.
Llegue rápido a la entrada de la cabaña, no volví a ver a Catriel, a pesar de mis llamados desesperados, encontré sonando a todo volumen Silencio de Beethoven en el grabador, todavía no me explico cómo pudo encenderse y si fui yo, porque no me acuerdo. Esa noche casi no dormí.
A la mañana siguiente, armada con la vieja escopeta de mi padre, salí a tratar de encontrarlo, toda búsqueda fue inútil, ya han pasado veinte días. Cada tanto, disparos resuenan en el bosque, mi congoja no tiene fin, pienso en Catriel capas herido muerto de frio, sollozos me estremecen, sin perder todavía la esperanza.
No entiendo la tardanza del helicóptero, ni la desaparición de Catriel, me encuentro totalmente aislada porque, la noche anterior de la desaparición de mi perro, el viento huracanado voló quien sabe dónde mi antena de internet.
Cada vez me convenzo más de mi error y porfía, por venir a pasar el invierno en la cabaña de mi padre, donde me siento como en un nido acogedor, pero me parecía que la idea era maravillosa para escribir mí nuevo libro.
Justamente el tema es sobre un perro que desaparece en la nada y la protagonista, al encontrar un cuerpo semienterrado en la nieve, hace las mil y una para encontrar al asesino.
Me estremezco, estoy viviendo esto…solo tengo que encontrar el cuerpo y estaré escribiendo mi realidad.
Me alejo del ventanal y pongo un nuevo cd en el grabador. Es de música electrónica, quiero que las malas ideas se alejen de mi mente.
Pero se ve que no estoy bien, lo que está sonando es un tango, de los que tenía papa.
He sentido un ruido en el dormitorio de mi padre, pero estoy sola, recuerdo , hoy es aniversario de su muerte, que está pasando acá?.
Lo más despacio que puedo me acerco y abro la puerta, la luz está encendida y el placar abierto, medio caído en el piso de madera, un vestido rojo, de quién?.. y lo peor justo donde encontramos a mi padre muerto , que el médico legista dijo había sido un infarto.. lo tomo entre mis manos, es un vestido muy fino, algo me sucede , siento que todo me da vueltas.


No sé cuánto estuve, inconsciente, solo recuerdo lo que me parece un sueño, me veía yendo a una gruta cercana, donde en mi niñez solía jugar con mis primos.
Algo encontré ahí ..y después la nada…me levanto , dejo todo como encontré, me voy al salón y me recuesto en el sofá tapada con una manta, tratare de esperar el nuevo día para investigar…
El grabador sigue sonando suave, melodías que escuchaba cuando niña, como si supiera que me quiero dormir.
Alguien mira desde lejos la cabaña, iluminada, con humo saliendo desde su chimenea, hasta acá le llega el aroma de leña que se consume, le parece un nido acogedor, en medio de todo ese bosque nevado.

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