domingo, 29 de julio de 2018

Gabriela Yocco


Insomnio

una tristeza con gusto a tierra
ser así        sola
sostenida por algún azar extraño sobre este mundo sin paredes

el silencio extremo de la madrugada busca ser día
 y cuento abedules en un bosque que no conozco
(una enorme forma del insomnio)

más afuera         mucho más
se desangran los techos de los expulsados
y me desangro con ellos

ya no sé de adentros
ni de afueras
ni de lo más profundo de la piel

madre mía de ojos como almendras del sol
no golpees las puertas
dentro
sólo queda el viento



Sueños

En el sueño construyo mis jardines invisibles.

En el sueño la palabra agua se hace lluvia y de cualquier roca nace la perfecta montaña

En el sueño soy bella, vienen a comer pájaros de mis manos y el mundo es redondo como una manzana arrojada contra el sol. Redondo, justo y perfecto como una manzana arrojada en el centro del sol.

En el sueño hay una sola guitarra, pero es la guitarra precisa. Y hay una sola cuna, pero es la cuna deseada. En el sueño soy leve soy espuma soy viento bueno.

En el sueño los bueyes descansan sobre el terrón blando y germina la semilla sin esfuerzo.
Y hay una fiesta inacabable de pájaros en una tardecita lejos allá en la sierra.

En el sueño mis manos son pequeñas y no tengo cicatrices.

No me pregunten, entonces, por qué cada mañana es una puñalada en medio de los ojos.

      Fotografía  Facundo Floria

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