domingo, 4 de enero de 2015

Rambal (México)




El Niño

Hay un niño llorando bajo su almohada,
y un soldadito de plástico acurrucándose en su bolsillo.
Hay una carretilla corriendo a través del pasillo,
tras los inquietantes rayos de luz
que se anidan sobre el pasto.
Hay un grito en la cocina, rudo; como el sonar del tambor.
Hay una dulce sensación azul que desprenden sus cabellos;
mariposas desojadas de sus sueños.
Un duendecillo con aspecto triste,
y una ventana, con un muy tenue rubor,
sobre sus mejillas.
Hay tres pajarillos sobre la alambrada,
su canto nos produce sentimiento de dolor,
hay una oruga entrando a casa,
cargando una dichosa sensación.
Hay un fresco vientecillo sobre el rostro del niño.
Que lo despierta de sus sueños
y lo levanta hasta el cielo,
mientras en su impresión,
sus tristes ojos sonríen.

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Desde la siniestra lejanía

Desde la siniestra lejanía,
mire caminar al mundo,
mientras me llenaba
de la serena y codiciada visión del pintor…
Mares nunca antes vistos
formaban la poesía de mi mente,
mares de letras,
mares de signos, mares de imágenes…
También me llene de esa placida sensación,
esa deliciosa sensación
que te deja la noche,
cuando la duermes en tus brazos,
cuando velas las colinas
pobladas de sueños,
cuando mágica y Cordialmente;
el mundo se descubre ante ti.



La visita:

Desde el cielo estival, de aquella tarde que coronaba majestuosamente el
crepúsculo, de ese mismo cielo de innumerables tardes vacías y desdichadas, de
ese extraño cielo bajo el que suelo vagar. Un ser alado se abrió paso entre los
agonizantes rayos de sol, un ser de forma humana; pero de aspecto etéreo, el cual
con gran agilidad y gracia, descendió hasta mí.

Tratare de describirlo  lo mas claramente posible, aun que podría decirse que su
aspecto era indescriptible. Un fulgor emitía su piel, su piel
hermosamente adornada con el alba y con la brisa dorada que emana del sol. En
sus ojos se apreciaba el negro y profundo misterio que guardan los abismos y su
voz era como un canto celestial ó quizá infernal. Esa voz, esa voz; aun suena en
mi interior.

Tú, Me dijo dirigiendo como un rayo su mirada, a mi vulgar humanidad. Tú que
has buscado en tantas tardes como esta, la razón y significado de tu vida, que has
buscado respuesta en cada trazo del artista, en el progreso de las luces y que
solemnemente has dirigido tus preguntas hacia el cielo. Recibirás en esta tarde
que nos viste, respuesta a tus más grandes dudas y te será develada tu misión en

esta vida, te será develada a través de señales.

Mientras escuchaba su mensaje, Sentí una sensación, semejante a la sensación
que nos deja la muerte cuando pasa a nuestro lado. Por último, sonrió con el
encanto del demonio y así como llego, de imprevisto se marcho.

Me sentí desconcertado como se sienten las estrellas cuando miran al sol, me
sentí abrumado buscando las señales que aquel volátil ser menciono.
De pronto, bajo aquel mismo cielo de tantas noches de nostalgia, bajo
aquel mismo cielo que me vio divagar por sur rincones desolados, taciturno en
desvaríos nacidos del dolor; Bajo ese inmenso cielo, manto de mi vida ominosa.
Llegaron las señales, las más ansiadas señales que mi vida espero.
Ahí estaban, levantándose de entre la tierra de los muertos, develándose en
el horizonte inalcanzable, cayendo como cascada de la inmensidad del cielo  y
naciendo de lo más profundo de mi corazón.

Esa era la señal, esa era mi misión, esa era La Poesía…

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